En
los templos de los wirarrikas no se ven ídolos ya que estos se guardan
en lugares secretos; por lo general en alguna cueva remota. En el
Santuario de Santa Catarina, según los indios, hay una excavación bajo
el hogar, en ella está un ídolo del dios del fuego (abuelito fuego
“Tatewari”) rodeado por numerosos objetos ceremoniales. Los indios
manifiestan que este tipo de cavidades es característico de cada templo,
allí se coloca el dios especial del templo o algún objeto sagrado. Si
embargo pude apreciar que en dos templos diminutos, erigidos para el
dios del fuego, había ídolos sobre el piso además de otras ofrendas. Los
wirrarikas, bajo las ordenes de mara´akame (shamán) todavía elaboran
imágenes de los dioses; Su finalidad es la de prevenir una sequía,
alejar alguna enfermedad grave o cualquier otra desgracia tribal; Los
iconos se labran en ceniza volcánica solidificada (cantera), de manera
ocasional en madera y en muy raras ocasiones se modela en arcilla.

Los
dioses más importantes están representados en discos (tê´pali), hechos
del material citado con anterioridad, que varía en tamaño de acuerdo a
la imaginación del artífice. Un disco de este tipo representa el dominio
del dios o la diosa, se pinta o graban con dibujos simbólicos
De sus
atributos y relaciones con el mundo. Estos atributos son, por lo tanto,
sumamente instructivos para demostrar el pensamiento religioso de los
indios. Es común encontrarlos en las casas de los dioses, sin ninguna
imagen sobre ellos, a pesar de lo cual poseen el poder del dios. Se les
puede ver tendidos o en posición inclinada sobre el altar, al que están
pegados con barro. También se encuentran en los templos y encima de
ellos. Todos los discos ceremoniales se ungen con sangre de venado antes
de usarlos religiosamente.
Las imágenes de animales que pertenecen a
un dios en particular, también se hacen de varias maneras. Se depositan
en el lugar especial de culto a la deidad, junto con sillas
ceremoniales y otros objetos simbólicos que se describirán más adelante.
Las
esfinges, así como otros símbolos ceremoniales, en especial los discos
ya mencionados, a menudo se pintan de varios colores, todos oriundos de
la región. Estos tonos son minerales o vegetales; se supone que los
minerales son propiedad de la Abuela Crecimiento. Los objetos de ceniza
volcánica solidificada que serán pintados, primero se lavan con agua
para que los colores se adhieran bien. Puesto que los colores empleados
por los wirrarikas en ciertos objetos simbólicos tienen mucha
significación, me parece recomendable mencionarlos, así como los
materiales de donde se derivan.
Colores minerales. Rojo (rulê´me),
derivado de una arcilla ferruginosa denominada rata´lika. Este es el
color que más utilizan los indios. Para pintar las flechas se muele en
el metate y se mezcla con copal. Blanco, se obtiene de una calcita
llamada tata´mi o Kyewimo´ka. Verde oscuro yoawi´mê, proviene de una
arcilla verde llama tëyoa´wi, que se encuentra cerca de San Sebastián;
probablemente es resultado de la descomposición de roca volcánica. La
parte interior de os cuencos votivos y de las jícaras para beber están
pintadas de este color. Verde Claro, resulta de una arcilla ferruginosa
mezclada con calcita. Se muelen los minerales hasta que queda un polvo
fino y se mezcla con agua de maguey o agua natural.
Colores
vegetales. Rojo oscuro (rulê´me), obtenido del palo del Brasil, el cua
se muele con el metate hasta que queda un polvo fino y se mezcla con una
solución de limón y agua. Azul oscuro (yoawi´mê), proviene de una
planta llamada añil en español y tapa´li en wirrarika. El tinte se
mezcla con jugo de maguey. Amarillo (tarawi´me) se extrae de la raiz
(ta´rai) de un arbusto llamado toy, los buscadores de hikuri lo recogen
de la región donde crece este último. Negro (yu´wimë), proviene de los
carrizos carbonizados del maíz mezclados con jugo de maguey.

EL ABUELITO FUEGO Y SUS DISCOS
Las
imágenes del dios del fuego son más recuentes que las de cualquier
otro. El lugar de su nacimiento está cerca de Santa Catarina, en una
cueva que muestra evidencias de su actividad volcánica anterior. Se cree
que la deidad apareció primero como una chispa; según la tradición,
surgió levando consigo dos flechas y un pedernal. La cueva misma se
denomina Haino´tega; Hai´no es el nombre de un pequeño pájaro amarillo
que el dios mantuvo en ese lugar. Otra leyenda dice que apareció en la
costa, se quedó primero en Sakaimo´ta, luego en Tëaka´ta. Después se fue
a Toapu´li (Santa Catarina) y desde allí viajó a Wizë´rakaté, cerca de
Zacatecas. De este lugar continuó su viaje hacía Mayara´pa, a un lado
del pueblo minero de Catorce. Finalmente llegó a Hai O´nali, un arroyo
en la región del hiku´li. Retornó a Toapu´li con su familia, acompañado
de mucho viento y en la actualidad vive en Teaka´ta, Así debe señalarse
que los ancestros míticos de los wirrarikas proceden de Aukwë´meka, la
montaña situada frente a Toapu´li, trajeron mucho viento consigo.
En
el distrito de Santa Catarina, donde está el dios principal, observé
seis iconos hechos a su semejanza que deben considerarse como igual
número de presentaciones o encarnaciones del mismo dios del fuego. Es
probable que haya más efigies. Si bien se supone que está encarnado o
habita en todas estas representaciones, su cuerpo y residencia radican
en la imagen que está en el pequeño templo de Teaka´ta, el lugar sagrado
ya descrito.
Es
significativo que a veces sea representado no por una, sino por dos
imágenes. Una está sobre el piso y la otra en una cavidad subterránea.
De ambas, la última es invariablemente la más pequeña y antigua. Se la
considera cercanamente asociada con el sol del atardecer, o con el del
inframundo. Se supone que la primera imagen está vinculada con el dios
del día o el supramundo. En ambas manifestaciones existe la creencia de
que tiene gran poder sobre el sol, con el que se supone conversa. Por lo
tanto, es evidente que se identifica con el fuego del mundo, en
particular con el del inframundo; así podemos considerar al fuego
volcánico como su representación más directa, mucho más que otros tipos
de fuego. Se considera más antiguo que el mismo sol, que es su hijo, el
joven wirrarika que en los tiempos ancestrales salió del fuego, como un
ave Fénix, revivido con el sol llameante. En realidad el sol es una
nueva representación del dios fuego, de lo que se deduce que desde el
punto de vista mítico, el último está bastante asociado en sus poderes y
funciones con el primero.
Se considera que ídolo del dios del fuego
es una copia exacta del que se encuentra bajo el hogar en el templo de
Santa Catarina, en un hueco cuya profundidad es de más o menos un metro
bajo el nivel del suelo. Hace algunos años, cuando los oficiales del
templo retiraron el disco que cubre la cavidad para renovar los objetos
ceremoniales colocados alrededor de ídolo, como lo hacen cada cinco
años, encontraron que el calor del fuego había quemado toda la
parafernalia, e incluso dañado al mismo ídolo. Felipe, uno de los
hombres más importantes del lugar, elaboró una nueva imagen y, como era
amigo mío, consintió en hacer una similar para mí. El material es ceniza
volcánica solidificada. Las piernas están separadas y no hay indicación
de que los brazos cuelguen hacía abajo. La nariz, los ojos y la boca
están bien marcados, pero las orejas están colocadas en una posición
equivocada, demasiado adelante. Las uñas de los pies están marcadas con
ligeras incisiones.
El disco sobre el cual se para el dios muestra
los animales más asociados con él y simboliza sus poderes sobre todo el
mundo. Iluminado y calentado por el sol.
