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viernes, 8 de noviembre de 2013

La Sachamama (Madre Tierra)




Breve prólogo.
Existen muchas leyendas ancestrales en la selva peruana que ni el paso del tiempo las relego al olvido pues para la gente de la selva es una realidad, una de ellas es la creencia de 2 especies de Dioses antiguos en este caso representados por serpientes antediluvianas de proporciones increíbles; la serpiente de tierra o Sachamama (Madre Tierra) y la serpiente de agua o Yacumama (Madre Agua) que en el caso de la primera su tamaño llegaría a ser mayor de 60 metros mientras que la segunda se dice que su tamaño es menor con la primera, en promedio seria más de 20 metros.

Existen registros de avistamientos de yacumamas donde embarcaciones chocaron con estas mientras flotaban en el rio, incluso la más reciente fue en 1997 donde en nuevo Tacna (a 100 kilómetros de Iquitos) hubo un deslizamiento de más de 500 metros de largo por cerca de 50 de ancho que arraso incluso arboles y que las autoridades atribuyeron el hecho a una de estas especies que según dijeron había despertado de su letargo desde las profundidades de la selva hasta terminar en el amazonas. Escondida entre el lodo y barro se disputa entre los testigos si fue vista o no, sin embargo son escasos los huaycos que ocurren en estas zonas y menos de estas magnitudes, siempre en línea recta en dirección al rio; después de esta breve reseña veamos lo que uno de los relatos nos dice…



La Sachamama según nos cuentan los lugareños, es una serpiente gigantesca la cual vive desde hace siglos en las profundidades de la selva, casi siempre en letargo, ya no necesita esforzarse para cazar pues la sabiduría en los siglos que tiene de vida le confirió la ultima enseñanza, el encantamiento o hipnotismo por parte de unos gigantescos ojos brillantes en el día y en la noche que hacen que cualquier criatura viva que pase en frente de él caiga en su encantamiento y voluntariamente ingrese a la oscuridad de sus fauces que siempre están abiertas.

Es así que desde hace muchos años en los pueblos de la selva, la caza es una actividad común en que hombres experimentados ingresan a las profundidades de ella en busca de presas como venados, chancho salvaje entre otros. Y es que uno de ellos muy dentro de la jungla no había tenido mucha suerte con las presas cuando había pasado más de una semana desde que eligió su lugar de caza.

Descontento por su suerte ingreso aún más en la selva y es aquí que el caótico clima se descompone y comienza a llover; armado con escopeta y machete, comienza a buscar refugio entre los árboles y en la oscuridad, es aquí donde encuentra un árbol viejo caído de gran tamaño cubierto de musgo que atravesaba de palmo a palmo su ruta. La experiencia del cazador le hizo saber que era el lugar perfecto para levantar un tambo o choza temporal hecha de ramas y hojas anchas para protegerse de la precipitación que ya era todo un aguacero, para esto uso el lado del tronco como pared y armo el resto del tambo cuidando de dejar suficiente espacio para su equipo al igual que una fogata. Cuando termino el lugar provisional acomodo todo y clavo el machete en el árbol caído pero véase que un inesperado temblor remeció la selva desarmando el tambo haciendo que todo caiga al suelo al igual que el machete.

Así paso toda la noche volviendo a armar el refugio, hasta que en el amanecer el clima cambio y le permitió descansar, para esto prendió una fogata que le ayudaría a calentarse y preparar sus raciones que ya en ese momento le eran escasas. La fogata agarro calor y calentó las piedras que la rodeaban al igual que al tronco, por un momento el cazador se encontraba disfrutando de la calidez cuando un nuevo temblor sacudió la selva destruyo lo poco que había levantado del tambo y levanto suficiente fango mientras se movió el tronco apagando el fuego.

Para esto el cazador estaba desconcertado por toda la mala suerte que le estaba tocando en esa semana, desistió de levantar de nuevo el refugio y solo descanso esperando la mañana para proseguir su actividad, consternado por el extraño movimiento telúrico nada común en la selva. Y es así que la curiosidad nacida de la vagancia y la espera recayó sobre el árbol en el cual se recostaba, mirando primero distraído los dos extremos que se perdían en la espesura quiso saber que tan grande era el largo del árbol ya que el largo de su diámetro lo pasaba por mucho. Siguió hacia uno de los lados entrando entre los arbustos y se dio cuenta que se dirigía hacia la que había sido la parte superior pues el diámetro iba disminuyendo haciendo más delgado el tronco, al llegar al final si hubieran visto la cara desencajada del cazador pensarían que su fin se hallaba cerca.

Colinas de huesos se levantaban por doquier en un claro gigante de la selva, los huesos más recientes eran los que se encontraban cerca al cazador mientras que los más lejanos podrían compararse a fósiles muy antiguos ennegrecidos por el tiempo.

El horror en el cazador al acomodar las ideas fue en aumento cuando su atención se poso en el que hasta ese momento era a toda prueba un tronco viejo de árbol caído, con una mezcla de miedo, horror y letal curiosidad se dirigió hacia el otro extremo pasando por su refugio y volviendo a ingresar entre los arbustos, al cálculo pensó que era un árbol de unos 60 metros de longitud, con un diámetro que se hacía cada vez más grande conforme avanzaba, mas al llegar casi al final del otro lado una nueva distracción ocupo su mente.

Un venado estaba en un claro justo donde terminaba la base del tronco, por un momento olvido todo lo que había visto y su sabiduría de cazador le aviso que si no aprovechaba ese momento no llevaría nada a casa, sin embargo algo lo desconcertó pues sabía que a la distancia donde él se encontraba y sin arbustos ocultándolo ya había sido divisado por el venado pues miraba hacia su lado pero este parecía no temerle, solo observaba con los ojos fijos.

Aún apuntándole el desconcierto se hizo mayor cuando el venado se dirigió hacia el cambiando de dirección unos pasos antes para ir directo a la base del árbol hasta desaparecer de la vista del cazador. Una sombra de miedo creció dentro de él haciéndose cada segundo más grande conforme las ideas anteriores volvían a ocupar su lugar y avanzó pues también la letal curiosidad había vuelto.

En solo un segundo supo que de cualquier lugar en el mundo estaba en el peor, cuando reconoció una gigantesca cabeza de serpiente con las fauces abiertas, unos ojos que soltaban un brillo frio, unos cuernos pequeños para su cabeza sobre los ojos que según los conocedores les crece a algunas serpientes cuando alcanzan la vejez haciendo que la vista se vuelva irreal y demoniaca, siempre mirando hacia el claro, atrayendo a cuanto ser cruce y alimentándose así por siglos, el cazador se dio cuenta que unos pasos mas lo hubieran convertido en un tiempo indeterminado en un pila de huesos al otro lado del lugar; solo retrocedió y en estado de shock se dirigió a su refugio, cogió sus cojas y caminando como un autómata se dirigió en ruta a su pueblo, mientras comprendió que la suerte si estuvo de su lado 3 veces ese día, primero cuando clavo el machete, la Sachamama se movió por el dolor pues atravesó al parecer su gruesa piel pero el cazador no fijo el aviso, segundo fue el fuego cuando molesto el costado de la serpiente y tampoco aquí se dio cuenta de este aviso, el ultimo fue el venado que justo por pura suerte estuvo presente antes que el cazador se dirigiera a la vista de la Sachamama. El mismo cuando se recupero relato el cuento a los lugareños el cual se sumo a otros más que también habían tenido la suerte de vivir para contarlo.

LA SACHAMAMA




En quechua quiere decir “Madre del Monte”. Es una boa de tierra de gran tamaño, eslegendaria. Los caucheros y mitayeros han tropezado muchas veces con ella y aquellos que no han sido devorados, nos han dejado muchos relatos sobre su existencia.

AQUÍ UN RELATO DE TESTIMONIO DE LA SACHAMAMA

Mi compadre Ildisho acostumbraba internarse solo en el bosque en busca de cacería durante días con el fin de reunir abundante carne y pieles. Y en su diario trajinar lo hacía por un estrecho sendero que él mismo había abierto para internarse en la selva. Casi al final de este sendero, había un colosal tronco caído, sobre el que tenía que pasar diariamente en la ida y venida. Al parecer la caída de este gigantesco árbol se había producido mucho tiempo atrás, porque sobre su corteza se había acumulado una gruesa capa de tierra, donde crecían musgos, hongos y toda clase de vegetación pequeña y el resto del tronco no se podía ver, porque se perdía entre el bosque. Mi compadre había hecho de este tronco su lugar de descanso favorito, porque le permitía descansar cómodamente tendido sobre el, con el machete prendido en el suelo a su lado y la escopeta entre sus brazos. Hasta que un día de esos, que se detuvo junto al tronco para descansar, clavó el machete en el mismo tronco, en vez de hacerlo en el suelo y al instante sintió un ligero temblor que sacudió el bosque que le rodeaba, acompañado de un ruido sordo y lejano. Ildisho se asustó, pensando que se trataba del inicio de un terremoto, pero todo se aquietó y volvió a la normalidad y él siguió su descanso. Días después fue sorprendido en el bosque por una fuerte tempestad que lo dejó empapado y muerto de frío, siguió caminando, hasta que llegó hasta donde estaba el tronco, aquíIldisho empezó a exprimir sus ropas, buscó unas ramas secas y las prendió fuego al lado del tronco donde estaba recostado, para calentarse un poco y secar sus ropas y asar un pedazo de carne para comer. Las ramas empezaron a arder, hasta producir mucho calor y las llamas alcanzaron el tronco caído. Ildisho permanecía sentado sobre el tronco por largo rato, hasta calentarse y cocinar. Después decidió apagar la fogata sin moverse de su sitio, usando el machete, pero en ese instante sintió un sacudón y vio que los árboles se sacudían, causando un ruido extraño como el que escuchó días antes y luego vino la calma. Ildisho quedó pensativo, tenía la impresión de que el propio árbol en el que estaba sentado, sesacudía, pero no le dio importancia. Y de regreso a su tambo, pensó nuevamente en el tronco y al día siguiente regresó para revisar el tronco. Lo primero que hizo fue examinar con mucha atención la única parte descubierta que mostraba y nada extraño notó en esta parte, entonces decidió seguir bordeándolo hasta llegar a sus braíces, pero, no se dio cuenta de que a medida que avanzaba, el tronco se iba adelgazando ligeramente, en vez de seguir engrosando como es natural en todo árbol que siempre es grueso en su base o raíces.
Al cabo de un rato, detrochear, llegó a una parte totalmente despejada de malezas y arbustos y vio sorprendido montones de huesos de todo tamaño, como si se tratara de un cementerio de animales de la selva. Ildisho, luego avanzó para examinar las raíces del árbol caído, pero al acercarse donde terminaba éste, quedó paralizado al ver con asombro que en lugar de raíces había un enorme hueco, desde donde al parecer eran arrojados los huesos, porque desde allí partía el montón. El cazador sintió temor, al sospechar que el árbol caído no era tal, sino algo misterioso y viviente.
Con temor, siguió bordeando al tronco hacia la parte donde debería estar la copa, sin embargo a medida que avanzaba se iba dando cuenta que éste aumentaba de grosor. Ya cerca del final, se detuvo sorprendido al ver un espacio despejado, limpio, cubierto solo con hojarascas y no se veía huesos ni raíces. Allí permanecíó largo rato, y de pronto vio llegar a un venado que se acercaba lentamente, entonces Ildisho se preparó para disparar al animal, pero de pronto apareció sorpresivamente una enorme sachavaca y fue a detenerse junto al venado. Ildisho, quedódes concertado, no sabía a cual de los dos matar y bajó el arma hasta que el venado quedara al descubierto, pero le tapaba la sachavaca.
Resulta que los animales no se movían del sitio, pues, parecían clavados en el suelo y lo único que hacían, era raspar la tierra. De pronto, el canto de la chicua, casi sobre la cabeza de Ildisho, le asustó, haciéndole dar un pequeño salto, esto motivó que los animales quisieran correr, pero no podían moverse y no quitaban la vista del árbol. Esto llamó la atención a ildisho, y avanzó unos pasos hacia los animales y comprobó que éstos se asustaban, pero no podían correr, estaban como hipnotizados. Ildisho comenzó a inquietarse y a sentir temor de algo desconocido que iba a ocurrir en cualquier momento. Trató de calmar sus nervios, por un momento pensó que el chullachaqui, se había transformado en estos animales, para burlarse de él. Al poco rato, vio que la sachavaca comenzó a dirigirse hacia la base del tronco, paso a paso y desapareció en un abrir y cerrar de ojos, como si la tierra se lo hubiera tragado, a continuación el venado siguió el mismo camino y desapareció igual al llegar al extremo del árbol caído, ni un grito, ni un quejido se escuchó. Ildisho, impresionado por esto, decidió investigar y empezó a revisar el tronco, pero de lejos. Se detuvo un instante para observar bien y lo que vió los dejó paralizado de horror, sus piernas temblaban y estaba a punto de desmayarse, pues, lo que creía que era un árbol, no era otra cosa que un descomunal monstruo con poderes hipnóticos extraordinarios.
Era una horrorosa serpiente gigantesca con enormes ojos brillantes, que emitían rayos hipnotizantes, una enorme cabeza horrible con largas orejas bien paradas y puntiagudas, una boa monstruosa que parecía tenerla abierta como la entrada de un túnel. Esta criatura de la selva permanecía allí inmóvil, tal vez por largos años o siglos, alimentándose de toda clase de animales que tenían la desgracia de cruzarse en su camino, poniéndose al alcance de sus poderosos rayos hipnóticos de sus ojos. Cuando esto ocurría, al instante se paralizaban y poco a poco eran atraídos directamente hacia la enorme boca de la serpiente donde desaparecían enteros, luego del proceso de digestión sus huesos iban a parar al otro extremo o sea a la cola del monstruo donde había ese amontonamiento de huesos. Según sus cálculos el monstruo medía unos 60 mtrs. de largo y casi dos metros de diámetro cerca a la cabeza.
Ildisho, ya no tenía dudas, de que se hallaba frente a la legendaria sachamama, madre de la selva o madre del bosque. Este descubrimiento le permitió conocer la causa de los temblores que sintió y sacudió todo el bosque de los alrededores, primero al ser herida ligeramente con la punta del machete que seguramente atravesó sus gruesas escamas y después por el fuego que llegó a alcanzarlo. Ese mismo día, abandonó su tambo para regresar a su hogar, jurando no volver jamás por esos lugares, ni recostarse sobre troncos o árboles caídos, sin estar seguro de que son auténticos.