AYAHUASCA,
VISIONES MANDÁLICAS, VIVENCIAS NUMINOSAS Y EL PROCESO
TRANSFORMATIVO.
Si
las puertas de la percepción fueran limpiadas todo
aparecería a los hombres
como es: infinito.
Dentro del uso
de la medicina Ayahuasca como herramienta terapéutica existen diversos elementos
que merecen ser estudiados detenidamente, entre ellos están las experiencias de
tipo visionario y en general el acceso al mundo de imágenes provenientes de lo
inconsciente, de lo profundo del alma. Es cierto que existen otros elementos
dentro de un trabajo terapéutico o ceremonial con medicina Ayahuasca, como por
ejemplo los cantos sagrados o icaros cuya función tiene una importancia
fundamental en el resultado de la terapia. También es muy importante el aspecto
purificador del uso del brebaje durante una sesión, es decir la limpieza
psíquica y fisiológica que brinda este proceso, por lo cual los curanderos
mestizos de la amazonía, llaman al brebaje "purga". El proceso de limpieza
durante una sesión tiene diferentes aspectos y se manifiesta de diversos modos;
es por un lado un proceso de desintoxicación a nivel fisiológico y psicológico,
y por otro lado puede ser considerado como un proceso de desbloqueo
bioenergético.
Para comprender las imágenes que surgen durante una
experiencia visionaria con Ayahuasca haremos uso del lenguaje heredado por la
psicología de Carl gustav Jung y de algunas ideas metafísicas que ayudarán a
configurar y esclarecer este tipo de experiencias.
El uso de la
medicina Ayahuasca durante una sesión, a veces permite al individuo tener una
vivencia anímica íntima, una vivencia numinosa, la cual creemos debe ser
valorada con mucho cuidado y atención, ya que ella puede ser el inicio de una
posibilidad de desarrollo psicológico. Para una mejor comprensión de las
vivencias numinosas hacemos uso de conceptos religiosos o metafísicos, ya que
ellos tienen una estrecha relación con este tipo de suceso desde hace siglos y
son de gran ayuda para poder formular y clarificar este tipo de experiencia, sin
embargo es necesario indicar firmemente que al emplear estos conceptos y
finalmente intentar explicar la vivencia, no se está realizando una explicación
metafísica. Sabemos que el mundo de imágenes al cual se tiene acceso durante una
experiencia con medicina Ayahuasca es muy diverso y variado y que las imágenes
que surgen en cada caso tienen una relación propia con cada persona que las
experimenta. Hay imágenes que parecen revivir acontecimientos del pasado,
recuerdos de la infancia e incluso sucesos cercanos al nacimiento, visiones
relacionadas al mundo molecular u orgánico y a procesos internos del propio
cuerpo, aparecen una gran variedad de imágenes zoomórficas y antropomórficas, se
pueden visitar otros mundos y otras dimensiones. En un proceso terapéutico con
Ayahuasca hay muchas experiencias en donde no surgen imágenes numinosas, incluso
a veces de ningún tipo, y no por ello las experiencias son menos
transformativas. Sin embargo aquí nos referimos a la aparición de imágenes
mandálicas y a las experiencias numinosa y a la relación que éstas tienen con el
proceso de transformación de la personalidad. Nos enfocaremos en las vivencias
numinosas y los símbolos mandálicos.
Durante una experiencia
visionaria con plantas maestras es muy importante tratar de entender el sentido
que tienen las imágenes que se presentan durante la experiencia. Este esfuerzo
llegará a tener utilidad práctica sólo si consideramos que lo inconsciente puede
proporcionarnos conocimientos valiosos, que en muchos casos nos pueden dar una
nueva valoración de nuestra propia vida, brindándonos nuevas perspectivas para
las mismas situaciones que parecían no tener una solución. Mensajes desde
nuestro interior que tienen la capacidad de ampliar nuestros horizontes.
Un punto muy importante para el entendimiento de la experiencia
visionaria, es saber que las imágenes que surgen del inconsciente deben ser
consideradas como un suceso real, esto quiere decir que durante la experiencia
visionaria uno debe verse a sí mismo como parte de las imágenes que se presentan
ante los ojos. Si uno se dedica a sólo ver las imágenes como si no fuera parte
de ellas, como si fuesen un suceso ajeno a uno mismo, entonces nunca llegará a
acontecer ninguna experiencia transformativa, incluso si la experiencia se
repite una y otra vez. Por otro lado hay que mencionar que existe un enorme
peligro si se intenta entrar a las imágenes de la experiencia visionaria como si
uno mismo fuese un personaje ficticio, ya que de ese modo uno puede ser inundado
por contenidos del inconsciente, existe la posibilidad de sufrir un tipo de
posesión proveniente de fuerzas oscuras de lo inconsciente. Esto último
significa que uno debe contemplar y entrar en el drama con la propia realidad
que cada uno tiene y vive; ya que de este modo uno crea un punto crítico frente
a las visiones que emergen durante la experiencia. El considerar como realidad
el drama visionario que surge del alma, crea una confrontación decisiva con el
inconsciente y así se da inicio a un proceso consciente de integración de la
personalidad y crecimiento psicológico. El hecho de entender la experiencia
visionaria como un proceso psíquico real irá trayendo poco a poco luz a nuestras
vidas. Al respecto de la experiencia transformativa, los alquimistas decían que:
" Quien no se transforma a sí mismo en uno tampoco puede producir lo
uno." El hecho de experimentar una vivencia numinosa no significa que de
todos modos se vivirá un proceso transformativo, para ello es necesario el
esfuerzo de intentar comprender los mensajes provenientes del interior del ser y
de ir integrándolos poco a poco a nuestra vida consciente. Este será el primer
paso en el desarrollo de nuestro ser. El verdadero crecimiento se logrará con un
trabajo constante sobre nuestro ser, un trabajo permanente día tras día, en
realidad segundo a segundo.
El proceso transformativo está referido
directamente a un crecimiento interior del ser humano, es decir a lo que ha sido
denominado por diferentes tradiciones espirituales, desde hace miles de años,
como desarrollo o renacimiento espiritual, la búsqueda del reino de los cielos o
la iluminación.
Cuando para algunas personas el proceso
transformativo o de crecimiento espiritual se convierte en una posibilidad,
entonces se inicia una especie de cambio de la propia vida, como si la persona
empezara a convertirse en alguien distinto o nuevo. Este cambio profundo de la
personalidad puede significar un crecimiento, una evolución, una elevación y un
enriquecimiento de su ser; sin embargo, es importante que aquel que empieza a
experimentarlo, sepa mantener los valores y principios conductores de su vida,
ya que de no ser así, la persona tiende a inclinarse hacia el lado contrario,
lo cual es muy penoso, ya que el sujeto empieza a convertirse en un insensato e
inadaptado, empieza a perder las aptitudes para la vida, sufriendo una constante
perturbación de su ser. El camino que conduce hacia el desarrollo espiritual
implica muchos peligros y riesgos, no es algo sencillo, requiere de mucho
esfuerzo y determinación, es una de las cuestiones más difíciles y costosas de
la vida, pero tal vez una de las más importantes a realizar.
Con
referencia a los peligros de este proceso, recordaremos al alquimista del siglo
XVII John Pordage quien indica en una carta enviada a su soror mystica lo
siguiente: "Aquí hay, como veis, un gran peligro, y la tintura de la vida
puede muy fácilmente perderse y malograrse el fruto en el seno materno, ya que
es rodeada por todos lados y combatida por tantos demonios y tan numerosas
esencias incitadoras. Mas si lográis resistir y sobreponeros a esta prueba de
fuego y duro examen, tal victoria os significará ver aparecer el comienzo de
vuestra resurrección del infierno, el pecado, la muerte y la tumba de la
mortalidad, y ante todo en la cualidad de Venus: pues entonces la tintura de la
vida surgirá con fuerza de la prisión del oscuro Saturno, a través del infierno
del venenoso Mercurio , y a través de la maldición de la muerte dolorosa de la
misma ira divina que arde y llamea en Marte, y se impondrá el suave amor-fuego
en la cualidad de Venus, y la tintura de amor-fuego obtendrá preeminencia y el
dominio supremo. Y luego gobernará allí el ánimo suave y el amor-fuego de la
divina Venus como rey y señor en y sobre todas las cualidades."
El proceso transformativo o desarrollo espiritual requiere el saber vivir la
vida de una manera ética, y con esto no nos referimos a la moral convencional
sino a una disciplina esencial de entrenamiento de la mente y el primer paso de
este entrenamiento es el poder despertar la capacidad de convertir los viejos
hábitos de comportamiento, en nuevos patrones constructivos. Esta ética consiste
en tener la capacidad de poder reconocer lo mejor que hay en nosotros y el poder
ver lo mejor en los demás. En este proceso de transformación es muy importante
el darse cuenta que los sentimientos y pensamientos negativos pueden ser
transformados y también considerar que es posible cultivar emociones positivas
como el amor, el respeto y la compasión. Se requiere un esfuerzo constante en
tener la habilidad de no identificarse con los pensamientos y sentimientos
negativos, poder observarlos como si no fuesen nosotros mismos y tener la fuerza
necesaria para transformarlos en el momento en que estos se presentan. Es
necesario el desarrollo del equilibrio mental, el dedicarse a la elaboración de
una actitud ecuánime en la vida diaria, es decir el saber mantener el equilibrio
emocional aún en situaciones adversas.
Otro elemento crucial en el
proceso de transformación de la personalidad o crecimiento espiritual es un
entrenamiento constante en la atención y la concentración, ya que a través de la
atención constante es posible despertar nuestro verdadero potencial. Si nuestra
intención es un desarrollo psicológico y evolución de nuestra personalidad,
entonces es necesario considerar la búsqueda de un significado y sentido a
nuestras vidas, reconociendo nuestras limitaciones en un universo
inconmensurable que está más allá de nuestra comprensión.
Volviendo
nuevamente al tema de las visiones, cuando en una experiencia de tipo visionario
emergen imágenes o símbolos de tipo unificador como los mandalas, se hace
necesaria una interpretación de las imágenes a través de la cual se pueda ir
integrando dichos contenidos a la consciencia. El principal motivo de las
imágenes de tipo mandálico está referido al centro de la personalidad, es decir
a un lugar central en el interior del alma. El término mandala proviene del
lamaismo y se refiere al círculo ritual o mágico el cual es usado
tradicionalmente como instrumento para la contemplación. El simbolismo mandala
es una representación del mundo interior y surge por lo regular cuando hay una
perturbación del equilibrio anímico.
En nuestras conversaciones con
las personas que participan en las ceremonias con plantas maestras, muchas de
ellas nos han referido que durante sus experiencias con Ayahuasca han tenido
visiones de tipo mandálico. De este modo hemos observado que estas figuras por
lo regular se presentan en estados de desorientación psíquica, por ejemplo
cuando una persona está atravesando un grave problema personal, o cuando existe
una profunda inseguridad en su sistema de creencias. La aparición de los
mandalas durante las visiones provienen desde el interior del ser, y son un
intento de una reordenación de la personalidad, de una búsqueda de un nuevo
centro. Al parecer el objetivo de su aparición es convertir la confusión en
orden sin que la persona que los experimenta sea consciente de dicho proceso. Su
significado simbólico expresa orden, equilibrio y totalidad. En este sentido la
aparición de los mandalas en las visiones son una especie de autocuración de la
misma naturaleza, pero es necesario indicar que su efecto curativo depende de
que su aparición sea de manera espontánea. Una persona que intente usar los
mandalas como instrumento de curación dibujándolos artificialmente o imitándolos
intencionadamente, no conseguirá nunca ningún resultado terapéutico.
La mayoría de mandalas tienen forma de disco solar, cruces, flores y con
una constante tendencia hacia el número cuatro. Los mandalas no son sólo una
expresión de las imágenes interiores, sino que tienen un efecto sobre las
personas que los experimentan, a ese respecto el psiquiatra suizo Carl Gustav
Jung se refiere al mandala de la siguiente manera: "La imagen tiene el objeto
manifiesto de trazar un sulcus primigenius, un surco mágico alrededor del
centro, el templum o el temenos (recinto sacro) de la personalidad más íntima
para impedir la "efluxión" o rechazar apotropéyicamente la distracción por lo
externo. Las prácticas mágicas no son otra cosa que proyecciones del acontecer
anímico, que hallan aquí su reaplicación sobre el alma, obrando como una especie
de encantamiento de la propia personalidad; es decir, un retrotraer, sostenido y
facilitado por medio del proceder gráfico, de la atención o, mejor dicho, de la
participación, a un recinto sacro interno que es origen y meta del alma, el que
contiene esa unidad de vida y conciencia primero tenida, perdida luego y que ha
de encontrarse nuevamente." Y en otra de sus obras nos dice: "El mandala
simboliza mediante su punto central la unidad última de todos los arquetipos y
la pluralidad del mundo fenoménico, por lo que constituye el equivalente
empírico del concepto metafísico unus mundus. " Según él esta idea
quiere expresar que: "El simbolismo del mandala es el equivalente psicológico
de la idea metafísica del unus mundus, la sincronicidad". Sobre el
concepto al cual denominó sincronicidad, nos dice: "El principio de
sincronicidad remite a una conexión o a una unidad de acontecimientos no
conectados causalmente y representa, por lo tanto, un aspecto de unidad del ser
al que se puede designar unus mundus".
Como bien expresa Jung
el unus mundus es una idea metafísica. Hay que considerar que este tipo
de ideas o enunciados trascendentales surgen debido a experiencias de tipo
numinoso las cuales le suceden a uno de manera involuntaria, de este modo estas
experiencias hacen que el hombre se sienta capaz de expresar declaraciones de
tipo metafísico o tener ciertas convicciones religiosas. Las vivencias numinosas
no son creadas por la voluntad del que las experimenta, surgen del inconsciente,
son experiencias que le suceden al hombre. Por otro lado es muy fácil ceder a la
tentación de atribuir el origen de estas imágenes a factores metafísicos
superiores. Las imágenes que surgen durante la experiencia no son una invención
de la consciencia, sino que el que las experimenta siente que ha sido capturado
por una voluntad trascendente a su consciencia, es por ello que por lo regular
se atribuye a dichas imágenes un origen superior divino, esta designación puede
resultar válida a manera de configurar y esclarecer la vivencia, sin embargo es
importante anotar que no puede ser considerada como una prueba de la existencia
de un Dios trascendente. La solución dada por Jung para poder dar una
designación a este tipo de experiencias fue la de responsabilizar estos
acontecimientos a una magnitud psíquica o psicoide inconsciente de carácter
humano. El inconsciente psicoide es un concepto que se refiere a un nivel
fundamental del inconsciente que comparte propiedades del mundo orgánico, y
puede ser considerado como un puente entre dos mundos, ya que es a la vez
fisiológico y psicológico, material e inmaterial. El arquetipo psicoide es una
conexión entre lo psíquico y lo orgánico; es lo psíquico en el proceso de
hacerse material. El inconsciente psicoide es un mundo de imágenes, las cuales
presentan una autonomía relativa, entre estas imágenes se encuentran las
imágenes divinas. Jung pensó que era mucho más prudente y sensato considerar la
existencia de un inconsciente psicoide antes de atribuirse juicios metafísicos
inconmensurables para el entendimiento humano.
Por último es
importante recalcar que a veces estás imágenes y vivencias numinosas que emergen
del alma, tienen el poder de poseer a la persona, originándose como consecuencia
una inflación del ego, y el individuo que experimenta dichas vivencias comienza
a atribuirse poderes que no le pertenecen, dando como resultado sectas de
diversos tipos, pseudo gurúes y pseudo chamanes de toda índole, que representan
un peligro para personas ingenuas que desean apoyo terapéutico o espiritual o
para personas que se encuentran en una sincera búsqueda de autoconocimiento y
desarrollo psicológico.